El diario. 30 de mayo

La verdad es que no iba nada bien éste día. Estamos a punto de la quincena y los comensales a veces desayunan en casa por serles más barato. Además, anoche me lastimé de nuevo la cadera al hacer un movimiento brusco. Llevo varias veces que me lastimo de la misma manera y eso me pone de mal humor. Así pasó la mañana; más de la mitad de los clientes habituales de la cafetería no habían llegado. Pensé que al llegar casi cuarenta minutos tarde a causa de mi lesión era motivo más que suficiente para no abrir ese día. Sin embargo, la llamada de Mía y Débora diciéndome que iban a ir a visitarme, me alegró la mañana. 

Pasadas las doce llegaron. Tocaron el claxon esperando saliera a recibirlas, pero el dolor en mi espalda impedía me moviera con rapidez. Sin embargo, salí gustoso a recibirlas. Mía bajó de la camioneta y observé usaba un short color dorado. Usaba unas zapatillas bajas y una blusa sin mangas color blanco. Bajó y me saludó con un fuerte abrazo al que correspondí. Débora, que venía manejando, usaba un jeans azul, una blusa negra y zapatillas altas. Venía muy elegante como siempre. Llegó sin embargo quejándose con palabrotas por haberme tardado en salir pero también me abrazó con mucho gusto. 

Así entramos y después de sentarse en la mesa, les ofrecí café. Mía había preparado un postre de helado de fresa y chocolate muy sabroso. Lo repartió en seguida mientras guardé el resto en la nevera. Ellas, que ya traían un tema de conversación, continuaron hablándolo mientras yo ponía algo de música. Débora como siempre, hablaba fuerte. Se reía de algo que no entendí al principio. Mía, más preocupada y atenta conmigo preguntó si había escuchado algo de lo que se reían. Dije que sí pero dedujo por mi actuar que no. Suelen hacerme bromas pesadas aunque la mayoría de las veces no las entiendo. 

Débora entonces dijo algo relacionado a su mamá. Al parecer sigue teniendo problemas con ella. Dice que optó por ya no pelear y dejar las cosas en paz. Mía asentía diciendo que hará lo mismo. Ellas tienen una vida paralela muy curiosa, desde la manera en que se conocieron, el como se hicieron amigas e incluso como perdieron su virginidad hasta la relación con sus parejas y familia. Es por ello que se llevan bastante bien. Yo en cambio, las conocí mucho tiempo después. Francamente no sé como es que lograron tenerme tanta confianza. Ya les he dicho que mi primera impresión al conocerlas era meramente morbosa, aunque siempre se ríen.

Débora entonces contó que fue a una despedida de soltera y conoció a un striper. Contó con lujo de detalle su fisonomía, su rostro, sus tatuajes. Contó como bailaba y cómo es que llegó a excitarla. Confesó que sus amigas la habían convencido a ir a un lugar apartado con él y como logró encender su deseo de lujuria. Aunque no es la primera vez que Débora cuenta con lujo de detalle sus anécdotas sexuales, pude notar como ésta vez lo hacía convencida que había logrado llegar a un nivel de excitación y deseo que no había tenido nunca. Confesó tuvo sexo con él y su rostro denostaba la satisfacción de ese hecho. También dijo que su esposo había aceptado ese hecho, que incluso le dijo que a partir de ese momento, ella se había convertido en una mejor amante y que le agradaba en lo que se había convertido, ya que en la cama era una mujer desinhibida y sexualmente muy apasionada. Eso me sorprendió bastante, ya que no sabía de una pareja tan liberal y abierta. 

Mía entonces dijo que su vida sexual era bastante triste. Su esposo no se encontraba en la ciudad desde hace varias semanas y aunque ella siendo joven y guapa tenía bastantes pretendientes, no había considerado la necesidad de satisfacer su sexualidad como lo hacía Débora. Y aunque Mía dijo no lo haría, pude observar como había quedado algo inquieta con la confesión de Débora.

Hablamos entonces de otras cosas. Me preguntaron si después de mi divorcio había salido con alguien más y les dije que sí, pero nada en serio. Que prefería pasar éste tiempo solo, ya que deseaba más que nada lograr pagar las deudas que el mismo me había ocasionado. Entonces, Fernando, el esposo de Débora, le llamó por teléfono. Sin darnos cuenta habían pasado ya más de tres horas en las cuales no había tenido nada de comensales. Le dijo que estaba esperándola para ir por sus hijos e irse a comer. Ella pidió la alcanzase en la cafetería para irse de aquí juntos. Así, unos minutos después, llegó en la moto. Débora se despidió mientras Fernando me saludaba. Siempre le he guardado respeto y él a mi, y aunque nos conocemos desde hacía antes se casara con Débora, no somos muy amigos. Mía entonces, un poco molesta por la prisa de Fernando, dijo que ella había dejado a su hijo con su mamá y no deseaba llegar ya a casa. Entonces le dije que se quedara y que más tarde podía llevarla yo. Débora entonces rió muy fuerte y dijo: “sé lo que intentan, pero está bien, desahoguénse”. Ni Mía ni yo le vimos la gracia, por el contrario, nos sentimos apenados más que por el comentario, por la presencia de Fernando.

Ya después, Mía y yo seguimos platicando. Llegó un comensal con su esposa a los cuales atendí. Esos clientes llegan diario y justo los esperaba más tarde.Dejé sola un momento a Mía, lo cual me incomodó un tanto. Sin embargo trataba de seguir la conversación aunque me encontrara ocupado. Así, después de media hora más o menos, mis clientes se fueron y por fin me senté junto a Mía. Le ofrecí una disculpa a lo cual me sonrió diciéndome que entendía. Entonces me dijo que en ese espacio donde la dejé sola, había estado pensando en lo que había hecho Débora. Decía que no entendía como alguien como Fernando pudiera aceptar que su mujer tuviera ese tipo de relaciones extra maritales. Me dijo que Javier, su esposo, nunca aceptaría algo como esa relación. Le dije que me había pasado algo similar con mi esposa. Ella nunca había dejado de querer una relación abierta a lo cual desde siempre me opuse, pero que ahora y viendo a Débora me había cambiado la perspectiva.

Entonces me pidió una nueva rebanada del postre que me llevó. Fui a la nevera y saqué el pastelito y justo cuando iba a servirlo, sentí de nuevo un tirón en mi espalda y cayó un poco en su pierna. Mi primera reacción fue querer limpiarla con mi mano pero al notar que tocaba su pierna desnuda la quité enseguida. Ella, sin embargo, miró fijamente mi rostro cercano. Tomó mi mano y la llevó de nuevo a su pierna mientras no dejaba de mirarme. Se levantó lentamente mientras la acariciaba desde su pierna hasta su cintura. Cerró los ojos mientras su boca me buscaba. Accedí sintiendo una sensación extraña. La jalé hacia mí mientras trataba de llevarla tras mostrador. El relato de Débora había logrado encender nuestro deseo y ambos desábamos sucediera como a ella. La recosté en el suelo mientras mis manos hurgaban su cuerpo. Ella hacía lo mismo como queriendo explotar de inmediato.

Tuvimos un encuentro intenso aunque fugaz. Habíamos logrado de alguna manera satisfacer el momento de la manera más inesperada. Después de varios años de amistad, habíamos dado un paso imposible hasta ese día. Logramos conjugar el deseo y el cariño en un mismo acto. 

Se incorporó y yo un poco después. Se arregló la ropa y el cabello mientras seguíamos en silencio. Aunque no dábamos crédito a lo que había pasado, estábamos consientes del hecho. Tomó su bolsa y se despidió sin mirarme a la cara. “No le digas a Débora, por favor” me dijo mientras salía del local y entraba una familia. Entendí que a pesar de la confianza que teníamos con Débora, habrían algunas cosas que no podremos nunca confesar.

 

Incitatus

Mayo’13Imagen

Anuncios

~ por incitatüs en 30 mayo 2013.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: